Ore Herbert - Hiram Abiff - Mas Alla De La Leyenda (Mistica y esoterismo)

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Presentar un símbolo visible ante el ojo de otro no implica necesariamente informarle del significado que ese símbolo tiene para ti. Por ello el filósofo pronto añadió a los símbolos explicaciones destinadas al oído y susceptibles de mayor precisión, pero menos efectivas e impactantes que las formas pintadas o esculpidas que el intentaba explicar. De estas explicaciones surgió gradualmente una variedad de narraciones cuyo objetivo y significado fueron paulatinamente olvidados o perdidos en contradicciones e incongruencias. Y cuando estas fueron abandonadas y la Filosofía recurrió a definiciones y formulas, su lenguaje no era sino un simbolismo más complicado que intentaba, a oscuras, describir y forcejear con ideas imposibles de ser expresadas. Pues sucede con el símbolo visible lo mismo que con la palabra: pronunciarla no te informa del significado exacto que tiene para mí, y por ello la religión y la filosofía se abocaron a grandes disputas sobre el significado de las palabras.

`Con la riqueza que obtuvo con el comercio, Salomón aumentó su ejército, compró caballos en Asia Menor y construyó carros. Paulatinamente, los gastos de la corte empezaron a superar los ingresos. Salomón tuvo que reformar el cobro de impuestos. Para ello dividió el imperio en doce distritos que no tenían nada que ver con las antiguas fronteras tribales, y puso a cargo de cada uno de ellos a un gobernador. La mayor eficiencia en el cobro de impuestos causó un lógico descontento del pueblo, que también fue obligado a colaborar en las grandes construcciones. Además, Salomón dejó a Judá libre del pago de impuestos, mientras que los israelitas se veían equiparados a los pueblos conquistados, como Amón, Moab y Edom. Esto causó aún mayor resentimiento. Algunas autoridades religiosas israelitas empezaron a cuestionar la legitimidad del templo de Jerusalén, recordando que el auténtico santuario de Yahveh debía estar en la antigua Siló`.

`La humanidad ha vivido del fruto del conocimiento, desde que fue expulsado Adán, hemos avanzados a través de los siglos gracias a la inventiva y creatividad humana, algo que para el dios de Lot era el pecado original, sin embargo el hombre aún arrastra una pesada carga, se trata de todo ese miedo y el gran respeto impuesto originalmente a Adán y su descendencia, temor que ha servido, en lo político y lo religioso, para mantener al hombre en permanente sensación de falta con respecto a su “Creador”.

A lo largo de estos años, el hombre de fe, vive postrado e hincado de rodillas, canta alabanzas a una autoridad pronta a la ira y da gracias si los males que lo asolan no sobrepasan los inherentes a la ya de por sí precaria condición humana, derivados de vivir en una frágil morada temporal de carne corruptible, destinada inevitablemente, a la enfermedad, la decrepitud, la soledad y la muerte, la propia o la aún más dolorosa, la de sus seres amados.

Por igual mueren los justos y los pecadores, los temerosos a la ira de dios y los que buscan su propio destino, los ricos y los pobres, los niños o los ancianos, los ganadores y los perdedores, en suma todos los humanos, y por esta razón desde época inmemorial el hombre busca la inmortalidad que le es esquiva`.


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